Frases hechas: ¿cuál es su origen? 2

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Ya en el post de la semana pasada estuvimos hablando sobre las frases hechas típicas españolas y cuál es su origen. Esta semana queremos completar este tema tan curioso con otros ejemplos cotidianos. ¡Vamos allá!

A buenas horas, mangas verdes

Esta frase típica sirve para decirle a alguien que, además de llegar tarde, también llega a destiempo, y lo que viniera a hacer ya no se necesita. Su origen se encuentra en los cuadrilleros de la Santa Hermandad, que allá por la época de los Reyes Católicos, formaban un cuerpo policial que trataba de mantener el orden en los campos de Castilla. Dichos agentes vestían un uniforme consistente en un chaleco de piel y una camisa verde (de ahí las mangas verdes). Además, se les conocía por aparecer cuando ya no podían pillar a los delincuentes in fraganti.

Cada palo que aguante su vela

Según la definición del Diccionario Marítimo Español de 1861, este modismo se refiere a “que cada uno desempeñe su encargo, por grave que sea, sin querer echarlo a hombros ajenos”. En lenguaje marítimo, señalaba que los distintos palos que hay en una embarcación deben sujetar sus correspondientes tipos de vela y no otros. Actualmente lo usamos ajenos a su significado naval, queriendo expresar que cada uno ha de ser responsable de sus actos y las repercusiones que tienen.

De higos a brevas

Una higuera da brevas a finales de junio, e higos a finales de agosto. Por esto mismo esta expresión viene a decir algo así como “de tarde en tarde”, ya que de agosto a junio ha de pasar casi un año entero.

Ir de punta en blanco

El Diccionario de refranes de Gonzalo Correas (1627) recogía que cuando los soldados acudían a la batalla llevaban sus armas de punta en blanco, es decir, sus armas se diferenciaban de las de entrenamiento porque tenían la punta afilada y el acero provocaba destellos blancos bajo el sol. Actualmente el modismo ha sido adaptado sin tener nada que ver con armas, sino que se refiere a una correcta etiqueta.

Cargar con el muerto

Esta expresión se remonta a una curiosa ley en la Edad Media que rezaba que si aparecía un cadáver dentro de los límites de un pueblo y no se podía resolver el crimen, los vecinos del pueblo debían pagar una multa. Así que para curarse en salud, cuando se encontraban un fallecido desconocido antes que las autoridades, los habitantes cargaban con el muerto y lo dejaban en un pueblo vecino o lo hacían “desaparecer“, evitando así la tasa. Esta expresión alude así a tener uno que hacerse cargo de lo que no es responsable.

Irse de picos pardos

A día de hoy se entiende esta locución como una forma genérica de irse de fiesta, pero no deja de ser un eufemismo azucarado de su primitivo origen. En la corte de Carlos III las prostitutas estaban obligadas a vestir unas faldas de color pardo terminadas en picos para que fueran fácilmente reconocidas y no se pudiesen confundir con el resto de las mujeres. Por eso, irse de picos pardos viene a significar irse con prostitutas.

Estar sin blanca / Pagar a tocateja

En tiempos de Felipe III, la blanca era una moneda de vellón (aleación de plata y cobre) que equivalía a medio maravedí. A día de hoy equivaldría a una moneda de cinco céntimos. La devaluación de la blanca con el paso de los años popularizó este modismo cuando alguien quería expresar que no tenía dinero. A la vez, el centén era una moneda que equivalía a 100 escudos de oro (más de 350g de oro) y popularmente se la conocía como “tejo“. De esta moneda surge la expresión “pagar a tocateja” cuando se hace en efectivo, de una sola vez y una gran cantidad de dinero.

Tener muchos humos

Curioso es también el origen de esta expresión. Era costumbre romana que las familias exhibieran en el atrio (sala principal) de su casa, los bustos de sus ascendentes. De esta manera mostraban su linaje y el valor de sus ancestros, y les honraban encendiendo velas, por lo que las efigies se iban oscureciendo con el paso de los años, de modo que cuanto más  humo tuviera el busto, más antiguo e importante era. Por eso, a los que tiran de vanidad apelando a su alta alcurnia se les dice que “tienen muchos humos”.

Cantar las cuarenta

Esta locución viene del mundo del naipe, específicamente del juego del tute. En este juego gana el que consiga acumular más puntos, y canta las 40 el que logra el rey y el caballo del palo que pinta esa partida. Pese a que a día de hoy se siga jugando al tute, amenazar con cantar las 40 ha colonizado el resto de temáticas con el objetivo de decirle a alguien algo que seguramente no le va a gustar escuchar.

Mantenerse en sus trece

Si seguimos hablando de naipes, existía un juego muy parecido al de las siete y media, en el que ganaba el que se quedase más cerca de sumar cierta cantidad de puntos con 15 cartas, sin pasarse. Por temor a sobrepasar esos puntos, muchos jugadores se quedaban con 13 cartas. Existen muchas teorías sobre el origen de esta expresión, pero sin duda ésta es la más conocida dentro de nuestras fronteras.

Se le ve el plumero

La Milicia Nacional era conocida defensora de las ideas liberales de la Constitución de Cádiz (1812), ya que en el texto se las reconoció y reguló. La Milicia Nacional se dividía en los cuerpos de infantería, caballería y artillería, teniendo cada uno de ellos su propio uniforme y cuyo gorro militar estaba coronado con un curioso y llamativo penacho de plumas, pudiéndose distinguir y saber a qué bando y cuerpo pertenecían sus portadores desde la lejanía. De esta manera, en política, cuando a alguien se le decía que se le veía el plumero, se referían a que denostaba argumentaciones progresistas. A día de hoy la aplicamos a otros ámbitos más cotidianos, normalmente cuando queremos hacer saber a la otra persona que ya sabemos cuales son sus intereses o el fin que persigue.

Ser un chaquetero

No se sabe a ciencia cierta cuándo surgió esta frase, pero sí cuál es exactamente su significado. En las guerras, cada uno de los bandos se diferencia por un uniforme característico. Si alguien quería pasarse al bando contrario, daba la vuelta a su chaqueta. En la reforma luterana (siglo XVI), los partidarios de cada tendencia se distinguían de los demás por el color de sus chaquetas. Pero algunas personas llevaban chaquetas con un forro de distinto color al externo, y en alguna ocasión y por beneficio propio, se ponía la chaqueta por el color que le pudiese ofrecer más beneficio. Por eso se dice de alguien que es un chaquetero cuando cambia de bando, de partido o de ideales según sus intereses más inmediatos.

Ser más chulo que un ocho

Para poder entender bien esta expresión hay que tener en cuenta dos conceptos importantes. El primero, a los madrileños se les ha llamado siempre “chulos” o “chulapos“, nos guste o no. El segundo, el tranvía número ocho. Este tranvía recorría Madrid desde la Puerta del Sol, pasando por la calle Preciados, la Plaza de Santo Domingo, y la calle Leganitos llegando hasta San Antonio de la Florida. Esta línea de transporte era la que más utilizaban los madrileños (chulapos) para ir a la fiesta de San Isidro (15 de mayo) y San Antonio (13 de junio). Así que en estas fechas los vagones rebosaban de madrileños y madrileñas vestidos con sus trajes típicos, clavel y mantón incluidos. Los vecinos de la zona veían pasar los números ocho lleno de chulapos y chulapas y acuñaron esta expresión, ya que no podía haber nada más chulo que un ocho.

 

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